Hoy la población universitaria de la UTP vive una de sus peores crisis, no precisamente por la anormalidad presentada, pues muchos hemos vivido situaciones peores acompañadas de desordenes públicos más calamitosos que los presenciados hasta ahora; sino por que la actual problemática deja ver de manera clara y evidente la falta de credibilidad que tiene la comunidad universitaria en las partes involucradas. Representantes estudiantiles que ocupan esos espacios por la bondad de la democracia participativa, la golpean y de paso desmotivan a las personas con decisiones amañadas que generan ambientes de duda y dejan en el aire la sensación de no estar bien representados; por su parte la Asamblea General de Estudiantes, que en su espíritu busca albergar las diversas ideas y opiniones de todos los sectores sociales y políticos para orientar las decisiones que expresen la voluntad del estudiantado, malogra esa finalidad por que su estructura y manejo no dan garantías a todas las partes.
Lo anterior permite que se cree una situación sui generis pues se acatan decisiones y acciones de manera parcial, finalmente se hace más daño así. Ésta especie de anarquía propicia la división de la comunidad surgiendo aquellos que respaldan lo estipulado por lo formal – Administración –, los que defienden las decisiones de la no formalidad – Asamblea General –, los que patrocinan a su conveniencia lo de ambas partes y otros de los cuales no quiero hablar, pero que su ausencia – personal, académica o de opinión – genera preocupación.
La conclusión de esto es que el caos y la incertidumbre rondan en toda parte, por lo que el llamado es a ponerle imaginación a la situación para buscar caminos de solución. Adrian, un estudiante como todos nosotros, proponía en una asamblea que las facultades deberían dejar en manos de una representación sus decisiones para ser expresadas ante una asamblea de comisionados por facultad, la cual tendría poder de decisión en lo que respecta a lo que se vive hoy.
Extrapolando lo de Adrian podría pensarse en la conformación de una nueva Asamblea General de Estudiantes, pero compuesta solo por delegados de cada facultad y ex-alumnos, los que serían elegidos por voto popular en cada una de sus respectivas facultades. El número de delegados podría ser proporcional al número de estudiantes por facultad o bien podría definirse un número fijo de estudiantes por cada una de ellas; los delegados tendrían derecho a hacer formula con un suplente respectivo. La administración de la universidad deberá apoyar jurídicamente el organismo mediante el reconocimiento de sus decisiones, establecer recursos logísticos y de apoyo para las actividades que dicho grupo defina, garantizar las elecciones con la reglamentación y controles debidos (soportarse en el Consejo Nacional Electoral), incluirlo dentro del reglamento estudiantil, estatutos y normas respectivas, darles un auditorio o espacio para que realice sus reuniones, al igual que un espacio virtual y material para que se pueda comunicar lo que allí se delibera. Este ente definiría un inicio de sesiones, frecuencias de éstas, reuniones extraordinarias, tipos de documentos, elección de directivas, número y tipo de comisiones de trabajo. Incluso de allí podrían salir los representantes a los diferentes estamentos académico-administrativos a los que tenemos derechos a participar los estudiantes. Allí llegarían las propuestas y decisiones que surjan por parte de las asambleas de cada facultad (que son entes de más fácil manejo y menos influenciables).
Queda entonces en manos de la voluntad de todos para que se abran los espacios de discusión pacífica sobre éste tema y así poder configurar un cambio táctico, en positivo, que de fin a tanta desconfianza y nos encamine por la ruta de la construcción.
Lo anterior permite que se cree una situación sui generis pues se acatan decisiones y acciones de manera parcial, finalmente se hace más daño así. Ésta especie de anarquía propicia la división de la comunidad surgiendo aquellos que respaldan lo estipulado por lo formal – Administración –, los que defienden las decisiones de la no formalidad – Asamblea General –, los que patrocinan a su conveniencia lo de ambas partes y otros de los cuales no quiero hablar, pero que su ausencia – personal, académica o de opinión – genera preocupación.
La conclusión de esto es que el caos y la incertidumbre rondan en toda parte, por lo que el llamado es a ponerle imaginación a la situación para buscar caminos de solución. Adrian, un estudiante como todos nosotros, proponía en una asamblea que las facultades deberían dejar en manos de una representación sus decisiones para ser expresadas ante una asamblea de comisionados por facultad, la cual tendría poder de decisión en lo que respecta a lo que se vive hoy.
Extrapolando lo de Adrian podría pensarse en la conformación de una nueva Asamblea General de Estudiantes, pero compuesta solo por delegados de cada facultad y ex-alumnos, los que serían elegidos por voto popular en cada una de sus respectivas facultades. El número de delegados podría ser proporcional al número de estudiantes por facultad o bien podría definirse un número fijo de estudiantes por cada una de ellas; los delegados tendrían derecho a hacer formula con un suplente respectivo. La administración de la universidad deberá apoyar jurídicamente el organismo mediante el reconocimiento de sus decisiones, establecer recursos logísticos y de apoyo para las actividades que dicho grupo defina, garantizar las elecciones con la reglamentación y controles debidos (soportarse en el Consejo Nacional Electoral), incluirlo dentro del reglamento estudiantil, estatutos y normas respectivas, darles un auditorio o espacio para que realice sus reuniones, al igual que un espacio virtual y material para que se pueda comunicar lo que allí se delibera. Este ente definiría un inicio de sesiones, frecuencias de éstas, reuniones extraordinarias, tipos de documentos, elección de directivas, número y tipo de comisiones de trabajo. Incluso de allí podrían salir los representantes a los diferentes estamentos académico-administrativos a los que tenemos derechos a participar los estudiantes. Allí llegarían las propuestas y decisiones que surjan por parte de las asambleas de cada facultad (que son entes de más fácil manejo y menos influenciables).
Queda entonces en manos de la voluntad de todos para que se abran los espacios de discusión pacífica sobre éste tema y así poder configurar un cambio táctico, en positivo, que de fin a tanta desconfianza y nos encamine por la ruta de la construcción.


1 comentario:
si ya es hora de uribito tenga vaciones, y deje a otros trabajar e invertir en otras cositas que tambien son importantes o mas que la guerra.
buen articulo...
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